| |
Hay un
momento en la vida de cada persona en el que uno ya sabe lo que
quiere tener para el resto de sus días, algunos buscan amor,
otros riquezas, otros éxitos, los menos ambiciosos simplemente
felicidad... particularmente me encuentro en este momento,
podría decirse que he ido quemando etapas, tuve la suerte de ver
amaneceres y atardeceres en seis ciudades, cada una distinta de
la otra, todas con cosas lindas y otras no tanto. A manera
de carta de niño a Papá Noel me gustaría contarles que es lo que
yo quiero para el resto de mis días:
 |
|
Quiero
sentir el olor a madera húmeda, el olor a mar y al ruido de las
olas cuando el mar se enfurece; quiero ir a la playa y que no
haya nadie y también quiero ir a la playa y que no haya espacio
de tanta gente que hay; quiero que cuando me meta al mar me
duelan los huesos de frío; quiero ver la “camanchaca” y pensar
que estoy en una especie de cuento de vampiros; quiero llegar a
pie a Catarindo y no tener donde dejar mis cosas, pero sí tener
para un “triple”. |
Quiero
una sombrilla de madera y un toldo de
lona y necesito una sola “pichanga” más a orillas del mar;
quiero hacer un hueco en la arena y esperar a que se llene con
el mar, aunque nunca pase; quiero tirar una “macha” en el mar y
que rebote en el agua, aunque nunca me salga; quiero quemarme
los pies en la arena hirviendo y renegar porque no sé cual es la
maldita razón por la cual las arenitas negras nunca se despegan
de mi piel; quiero jugar con las “malagüas” e ir de pesca aunque
me aburre y a “marisquear” aunque los mariscos no me gusten;
quiero caminar por el puente y tirar una bolsa de “barquillos”
llena de arena hacia el muelle; quiero ver como mis amigos se
bañan en el muelle porque a mí me da miedo bañarme ahí...

Quiero
que mi papá vuelva a creer que seré un buen futbolista; quiero
comer “algodón” y ensuciarme hasta las orejas esperando con mi
mamá para entrar al circo; quiero una Navidad y un Año Nuevo con
cohetes por más que me den miedo; quiero creer que la casa de
madera del parque de abajo está embrujada y que si logro juntar
tres cajetillas “TURBO”, ganaré un carro; quiero cambiar
figuritas de “Italia 90” en la esquina del mercado; quiero creer
que en las lomas hay lobos y que el año siguiente estarán más
verdes; quiero ir a un baile en el Social y jugar billar en “El
Jinete” y perder como siempre; quiero tirar una bomba en
carnavales aunque no le caiga a nadie y que me caiga una bomba
aunque no sepa quien la tiró; quiero golpear con mi “matachola”
y que me entre polvo al ojo a pesar del antifaz; quiero volver a
sentir celos cuando los marinos llegan en Febrero; quiero jugar
“chapa chapa”, “pesca”, “inmóvil”, a “la esconde” y al
“cucurucho” en el cumpleaños de alguien y jugar “matagente” para
luego el Hermano Jaime corone la noche con una historia que sólo
existió en su imaginación...

Quiero ir
a las Olimpiadas Escolares, ir a una serenata del CEPMA como si
fuera la entrega del OSCAR, ir a un quinceañero y que Maturana
no me deje entrar porque estoy con zapatillas; quiero que me
castiguen en el colegio y quiero aunque sea por 5 minutos más
usar mi uniforme plomo y desfilar un 7 de junio; quiero
comprarme un sacamuelas a la salida del colegio y romper las
“mariquitas” de mi hermana; quiero que mi papá me lleve al
estadio, usar “machuchos” FEBO, jugar en el “campín” y
enjuagarme la boca en el pozo detrás del arco; quiero ir al
Tiro, no a emborracharme pero sí a pelear con los basketbolistas
por usar la cancha; quiero sentir el olor a Dencorub del camarín
del estadio cuando un octogenario quiropráctico te prepara para
jugar; quiero ir al estadio a “no” ver fútbol pero si ir para
reírme de cualquier cosa en la tribuna y ojalá en la tribuna de
madera; quiero ver en la tele los Años Maravillosos, Mazinger,
los Detectilocos, Carmín, Hola Yola, chiquilladas y que justo
cuando este viendo la Gata Loca y el Ratón Ignacio el cargoso
Hermano Pablo me interrumpa con su mensaje a la conciencia;
quiero ver si Candy ahora si se podrá quedar con Terry y creer
de nuevo que Popeye no es tuerto...

Quiero
subir a un taxi y decir; “llévame a la casa de ...”; quiero que
cuando mi mamá quiero ubicarme llamé al “Marco Antonio” y me
griten desde la ventana hacia el parque de arriba; quiero los
sábados despertar con el grito “Tamaleeeeeeeeees” y que una Sra.
toque el timbre de mi casa tipo palomita y ofrezca aceitunas
machacadas y camarones; quiero que la señora del kiosco de la
esquina de mi casa me guarde “El correo” y “El bocón” y cuando
yo los olvide ella sea la primera persona en toda la ciudad con
servicio de Delivery; quiero que todos los fierros y alambres a
mi alrededor estén oxidados.

Quiero viajar a AQP en “Santa
Ursula” y que mi asiento haya sido vendido dos veces; quiero que
los cerros que veo ahora en vez de tener nieve, árboles y un
manto verde tengan piedras, arena y cenizas adornadas con
conchas marinas de miles de años, al menos eso dicen; quiero que
la lluvia que hoy me moja sea un picazón fino que no moja pero
molesta; quiero estar en un apagón y que mi tío me cuente su
misma historia de cuando se le congelaron los dedos; quiero
sentir temblores una vez por mes, aunque les tenga fobia; quiero
cortes de agua en Febrero, justo para los carnavales; quiero ir
al valle de Tambo y regresar comiendo chicharrones y alfajores
con Nectarín; quiero molestar arequipeños y que ellos me
molesten a mí, quiero mazamorra en Semana Santa, aguadito de
pavo en Navidad y un Lulo y también quiero bajar a la playa en
Navidad con mi ropa de baño nueva; quiero sentir la emoción que
sentía cuando los viernes por la tarde estaba en el terminal de
AQP con mi mochila llena de ropa sucia y decía Mollendo,

Quiero
ver el corzo a Mollendo, escuchar las campanas de la Inmaculada
y la sirena del Deán; quiero comprar ropa en “La Poupe”, “Casa
Selim” y comer canchita con limón en el Marco Antonio, un helado
de fresa del Venezia y una cremolada de guayaba del Chipe,
quiero que el papá de mi amigo me revise cuando me enfermo, sin
tener que sacar cita, ni bono ni nada; quiero bañarme en un
canal y quiero ver en el cielo gallinazos en vez de elegantes
aves y que ese cielo sea gris y melancólico; quiero tomar en la
calle con mis amigos del mismo vaso y con el trago mezclado en
una bolsa y por último quiero que si alguien lee esto sienta lo
mismo que yo al escribirlo.
Jacobo Saba Velarde
|
|